27/11/2015

Pecha Kucha Night Vol.14 se celebra en la Casa Ronald de Málaga

A Marco le gusta Estopa. Y qué más puede haber para un fan de un grupo que poder ir a un ensayo de un concierto y hacerse una foto con ellos. Este es solo uno de los capítulos de la vida de este joven; una de las mejores partes de ella, sin duda alguna, y que como excepción salió entre ponencia y ponencia a leer un pequeño texto en el que homenajeaba al que es su hogar a día de hoy, la Casa Ronald McDonald. Sin usar ningún tipo de sentimentalismo fácil, el director de esta institución, Vicente Moros, fue contando imagen a imagen lo que Marco ha vivido en estos años desde que vive en Málaga de manera forzada.

 

Con esta intensidad se inició ayer la edición número 14 de Pecha Kucha, un evento creado en Japón por dos arquitectos y que ya ha llegado a más de 600 ciudades en todo el mundo. Por primera vez, el Pecha Kucha salió del Centro Histórico para recalar en la Casa Ronald McDonald, motivo por el que su director se llevó un gran protagonismo, aunque no fue el único.

 

‘Al-Andarum’. Ese es el nombre de la iniciativa de José Manuel Nebreda, un joven malagueño que cruzó todo el litoral andaluz, desde Almería hasta Huelva, en tan solo 21 días. «Buscaba la ola perfecta por toda la costa, y al final la encontré», comentaba, emocionado ante las fotografías de alguna de sus paradas. Una historia de superación que le sirvió –aseguró– para darse cuenta de la importancia del esfuerzo, pero también «de saber disfrutar de él».

 

Y de ahí, a la música. «Yo cuando era ‘punky’ me meé en los pantalones de un policía», susurraba entre risas. «Pero en realidad he venido aquí a decir que estoy enamorado». Ante las caras de sorpresa, el cantautor Carlos Moratalla, mientras rasgaba su guitarra, iba relatando sus viajes y sus experiencias, pero siempre con una reivindicación final. «Parece una tontería que hablemos del amor, pero ahora que puedo vivir de esto de la música quiero decir bien alto que nos iría mucho mejor si debatieramos más sobre el amor y menos sobre otras cosas que dañan a las personas».

 

Laura Bueno, de Karismatia, vino ayer con un mensaje alto y claro. «Hay que jugar». Y para ello, se trajo en sus imágenes diferentes piezas de Lego, el material con el que ella realiza las terapias empresariales como facilitadora de equipos. No es más que un juego serio, divertido e híperproductivo», concluía.

 

Tímido y humilde, pero al final tuvo que decir, porque no se podía ocultar, que había sido campeón del mundo. Rubén Alcántara, el rey delas BMX –uno de los personajes más esperados de la noche– explicó que el éxito que ha tenido a lo largo de estos años tiene su génesis en la creatividad. Por eso contó cómo gestionar el ‘skatepark’, uno de los tres mejores del mundo, que lleva su nombre y que además está en Málaga. «Al principio puede parecer que los chavales son conflictivos, pero cuando llegan al ‘skatepark’, con el paso del tiempo, se hacen mejores. Dejan de estar en la calle, no beben ni fuman, y sobre todo aprenden valores. Ojalá este tipo de iniciativas se llevaran a cabo en más lugares, porque no todos quieren ser futbolistas o jugadores de baloncesto».

 

Una oda al lenguaje de programación. Era evidente, pero Francisco Vico, de la iniciativa ‘Málaga Code’, no defraudó. «No podemos ser simples usuarios de los procesos, tenemos que ser parte de ello», apuntó. Además, defendió a los ‘hackers’. «Son programadores creativos». Vico puso negro sobre blanco la realidad de la informática, que curiosamente se encuentra en una situación de descenso de personas que la estudian. «Lo dice el creador de Facebook: en unos años no saber programar significará ser prácticamente un analfabeto».

 

«Mi primer contacto con la fotografía fue cuando hacía de muñeco en la puerta del Tivoli». Con esta frase que provocó las carcajadas del público empezó Jorge Mier Terán, fotográfo de la escuela Apertura. Mier Terán planteó la dicotomía que presenta su profesión: ‘Pasión o profesión’. Para explicar cómo se consigue un sueño, puso el ejemplo de Fernando Alonso. «Se ha metido en un embolado porque llevaba 4 años siendo segundo, y quiere volver a ganar. Si uno apuesta por ello, puede salir bien».

 

Y qué mejor que esperar al último turno, ya en la hora de la cena, para que Alejandra Barra contara su iniciativa, ‘Orgullo campero’, un documental que está llegando a su fin –se encuentra en fase de edición– y que contará todo lo relacionado con uno de los platos más malagueños. «Del campero siempre emana cierta nostalgia», aseguró, antes de dar por finalizada la ponencia, y la noche, desvelando que Los Panninis, en calle Victoria, fue el lugar en el que se sirvió el primer campero de la historia.

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